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Cerro del Mirador


2007/32 — 3ª Fuerza — 9 de Septiembre de 2007

LAS CASAS
DEL GENERAL REYES

Desde niño escuché este término para referirse al Cerro del Mirador. Se decía que en la cumbre de este cerro se habían construido casas, cuya propiedad u origen se atribuía al General Bernardo Reyes.

Esto estaba rodeado de un cierto aire de leyenda y de misterio, ya que dicho cerro luce sumamente escarpado en su ladera norte, que es la que se puede contemplar desde Monterrey, y no se ve en ella camino alguno ni forma aparente de que el General pudiera acceder a su casa.

Ya en el Siglo 21, Adrián Villarreal me invitó un domingo a subir al "Mirador", por la ladera sur. Ahora hay en su cumbre numerosas antenas transmisoras de TV y microondas, pero sus legendarias casas continuaban siendo un misterio por estar restringido el acceso a la ladera norte del cerro, y sólo pudimos ver una de ellas, que no tiene vista a Monterrey, y una pequeña capilla (parecida a la que había en la "Mina del Diente") que permanece abierta al público.

Pero la vida nos da sorpresas y en esta excursión tuvimos oportunidad de ver de cerca las famosas casas. Todas ellas son bastante antiguas (el General Reyes falleció en 1913), construidas de madera con diseños y técnicas propios de los EE UU de A. y techos de lámina acanalada. La casa del General está construida sobre un amplio sótano cuyos muros son de mampostería. Los pisos y muros de la casa son de madera, en algunas partes ya muy deteriorada.

El techo está sostenido por vigas de madera labrada con mucha elegancia. Se nota que la casa fue lujosa en su época, y aún conserva algo de mobiliario y detalles de decoración, como motivos florales pintados al óleo sobre la madera de algunas puertas. La casa está diseñada con un eje oriente-poniente al igual que el cerro, y en su lado exterior norte tiene un corredor techado con vista hacia la ciudad, posible origen del nombre "el Mirador".

Con sus 1150 m de altitud, estas casas (unas 4 ó 5) fueron una forma relativamente rápida de salir de o al menos mitigar el agobiante calor veraniego en el Monterrey de hace más de 100 años, cuando no había aire acondicionado ni ventiladores eléctricos.

Redactó: Eduardo Verduzco

La primer sorpresa que tuvimos en esta excursión ocurre al estacionar los carros en el entronque del camino que sube al Mirador. Al caminar un par de metros hacia el oriente para asomarnos a la cañada, escuchamos de pronto el sonido que produce el agua al chocar contra las rocas en su descenso de la sierra. No esperábamos que hubiera un arroyo tan próximo a Monterrey, pero es el legado de los días lluviosos que hemos tenido en las últimas semanas.

Empezamos a caminar a las 7:40 con cielo semi-nublado. El Camino al Mirador por la ladera sur de este cerro tiene una excelente vista del Pinar y de la Sierra Madre. Subimos sin novedad y a las 9:20 llegamos a la cima, disponiéndonos a almorzar sándwiches, tacos, galletas, fruta, etc.

Cerca de las 10:30 iniciamos el descenso, y al llegar al entronque con el camino que conduce a las famosas casas, vamos a ver la capillita, y estando allí tenemos oportunidad de hacer una visita guiada a la zona restringida, que es como dar reversa al tiempo unos ciento y pico de años.

Tras la visita nos disponemos a emprender el descenso al tiempo que llega al lugar una camioneta de la que emergen tres hombres y empiezan a descargar otros tantos equipos de los llamados "alas delta", semejantes a alas de avión que sirven para volar impulsadas por el viento, semejantes a planeadores. Estos aparatos son de diseño moderno y traen adaptados instrumentos tales como GPS y sensores que avisan con una señal sonora cuando existe una corriente de aire ascendente.

Y es que en este lugar hay instalada una rampa para despegue de estos aparatos y otros semejantes. Rápidamente se dan a la tarea de armar sus aparatos y después de unos 20 minutos el primero de ellos está listo para volar en cuanto haya viento de intensidad suficiente, lo cual demora casi media hora porque el clima seminublado no favorece el calentamiento del aire, que es lo que forma las corrientes ascendentes.

Finalmente de despega el primero de estos pilotos y la historia se repite con el segundo y el tercero. Mientras tanto ya son las 12:30 y empezamos a descender según los compromisos familiares de cada uno de nosotros.

Durante el descenso encontramos una vereda que corta camino, y a pesar de ser bastante abrupta en algunos tramos, hay evidencia de que es transitada por bicicletas. Esta vereda desciende por la ladera norte entre monte alto, el cual impide tener visibilidad del paisaje y no permite que nos llegue la escasa brisa, con lo cual el ambiente se vuelve bochornoso. Esta vereda inicia frente al club de golf, en un camino que va rumbo al poniente y entronca en la calle pavimentada unos 200 metros más debajo de donde dejamos estacionados los vehículos.

Y de esta manera siendo las 13:30 concluye esta interesante excursión que nos ha brindado dos facetas inesperadas, una de ellas histórica y la otra de corte aeronáutico.

Redactó: Eduardo Verduzco

 

 




UNIDOS Y ADELANTE



ASISTENTES

Díaz García, Mauro (i)
Díaz, Diana Salinas de (i)
García Alvarado, Maricruz
González Cepeda, Lucy (i)
López Castro, Alfonso - Capitán
Magaña Ochoa, José (i)
Rodríguez García, José Manuel (i)
Rodríguez González, Galileo (i)
Verduzco Mtz., Eduardo - Retaguardia

Etiquetas

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  • Despejado
  • Temperatura: 28 °C
  • Viento: E (90 °), 25.9 km/h
  • Presión: 1018 hPa
  • Humedad rel: 62 %
  • Visibilidad: 24.1 km
Reportado el:
Mar, 29/07/2014 - 00:46

Citas de altura

Una tierra que no me pertenece,
y sin embargo
es memorable por siempre,
las aguas de su océano
reaniman y refrescan.

 

Arena en el fondo
más blanca que el yeso,
y un aire que embriaga cual vino,
el sol tardío revela
las rosadas ramas de los pinos.

 

Ocaso en las olas etéreas:
yo no puedo distinguir
si es el día el que está feneciendo,
o si es el mundo,
o si los secretos de los secretos
están aún en mi interior.

• Anna Akmatova

Poeta rusa