Usted está:Contenido / CITLALTEPETL 2011
CITLALTEPETL 2011
1950, 1952, 1959 y 1962 son algunos de los años en los que el Club Explorador Cóndor ascendió el imponente Pico de Orizaba, el volcán más alto de México y la tercera cumbre más alta de América del Norte… ahora nos tocaba a nosotros, Noviembre del 2011.
La expedición estuvo formada por 8 personas: José Luján, Jesús Velázquez, Raúl Obregón, David Vizcarra, Julio Hernández, Aarón Hernández de 14 años, Andrés Juárez y un servidor, Héctor de la Cruz.
Fuimos invitados en un viaje organizado por la Asociación de Excursionismo y Escalada de Nuevo León para asistir a la XXXIV Convivencia Alpina 2011 organizada por el Club Alpino Mexicano. El punto de salida fue la Alameda del centro de Monterrey el jueves a las 8 PM en un autobús que otrora, seguramente fue de 5 estrellas, lo bautizamos como “El autobús de Cantinflas”. Ventanas defectuosas, espacios y asientos reducidos, una puerta que no abría por dentro y una rústica televisión que también perteneció a Cantinflas, eran sus principales cualidades. Pero sin duda alguna la principal característica, era un WC que emanaba un néctar añejo tan desagradable, que preferimos abrir las ventanas y soportar el frío viento de la noche para aminorar el mal olor. Para colmo nos tocaron los últimos asientos, esos que escoltaban la puerta del WC.
18 o 19 horas duró el viaje de ida, salimos aproximadamente a las 9 PM del jueves y llegamos a las 4 PM del viernes, rentamos una habitación en el centro de Cd. Serdán para rápidamente cambiarnos, armar nuestro equipo e irnos a los Jeeps parientes pobres del autobús de Cantinflas que nos llevarían en un viaje de 2 o 3 horas al campamento base. Arribamos al campamento aproximadamente a las 11 de la noche, armamos las carpas, cenamos y planeamos el ascenso: intentar dormir 4 horas para salir a las 4:30 de la mañana del sábado.
Ni el eterno viaje, el mal olor o las pocas horas que intentamos dormir mermaban nuestro ánimo, nos esperaba una altura de 5,610 MSNM, un escenario de arenales, rocas volcánicas así como una fría y blanca nieve que reflejaba los rayos del sol a tal grado que podía quemar las retinas y la piel… ¡No nos importaba! deseábamos ascender ese volcán.
Despertamos listos para emprender el ascenso, el frío y el viento hizo que una ligera capa de hielo apareciera en algunas carpas por dentro y por fuera… tomamos nuestra mochila de ataque y comenzamos a caminar aproximadamente a las 5 AM. Todavía obscuro pasamos el refugio en el cual dormían algunos compañeros del autobús, ellos intentarían subir el domingo.
A la altura del refugio cada uno caminaba al ritmo que su cuerpo y respiración le permitía, Julio Hernández “el Capi”, hizo la retaguardia, Pepe Luján y Andrés Juárez hicieron la punta del grupo. Empezamos a tomar distancia entre cada uno y tomamos diferentes caminos, algunos por el arenal y algunos por el “roquerío” pero nunca nos perdimos de vista. Cada camino tenía lo suyo, los arenales eran desmotivantes, avanzabas 3 pasos y retrocedías 1, era desesperante. Por otro lado la altura y el poco oxigeno hacían que cada piedra del “roquerío” costara mucho esfuerzo, pero era la mejor opción para avanzar más rápido.
La distancia entre cada uno se empezó a extender, Julio se rezagó y lo perdimos de vista pero siempre mantuvimos comunicación por el radio, Pepe y Jesús tomaron la delantera, el resto del grupo seguíamos avanzando cada quien a su paso, unos más lento otros más rápido, pero siempre cuidando la seguridad ya que los peligros estaban a la orden del día, en nuestro camino había algunas cruces de alpinistas que fallecieron en ese volcán. ¡ROCA! ¡ROCA! ¡ROCA! Se escuchó de repente, todos nos alertamos y nos preparamos para esquivarla, pero Raúl fue quien literalmente tuvo que saltar a un lado para poder salir bien librado. Afortunadamente no paso a mayores.
Pasaron las horas, seguimos caminando ganando altura, el cansancio acumulado se hizo presente… a ninguno nos dio mal de altura severo, pero el poco oxigeno nos ocasionó sueño y un paso lento. Escuché decir a Aarón que ya no importaba si llegaba, quería regresarse… pero no desistió… descansaba, incluso dormía por ratos pero seguía, a sus 14 años estaba ascendiendo el volcán más alto de México, su papá, Julio Hernández, había decidido quedarse mucho más abajo del volcán.
Eran ya las 12:40 del día, la nieve empezaba a parecer agua-hielo y nuestra velocidad era lenta, estábamos aproximadamente a 5,400 mts. La cumbre no se lograría, 200 o 300 mts. nos separaban de ella, por seguridad teníamos que regresar. Aarón llegó con todo su esfuerzo y de entre sus ropas saco un cartelón que decía: “Te quiero mamá, aquí estoy cerca de ti abuelita”… lo escuche decir orgulloso: “Sólo por esto llegué hasta aquí”.
Nos quedamos un poco antes de llegar al Púlpito, lo veíamos ahí tan cerca… tan cerca y tan lejos. Pero la seguridad es primero y la cumbre siempre estará ahí, habrá otras oportunidades dijimos. En este mismo punto tomé protesta para ser un miembro más del Club Cóndor, Julio “el Capi” presidió la ceremonia vía remota ya que se había quedado a mediación del volcán, Pepe fue el Padrino y con un escenario de lujo tomé la protesta del Club Cóndor.
En el descenso simplemente recordamos nuestra infancia, cuando nos subíamos a algún resbaladero del parque, solo que esta vez el resbaladero era de roca y nieve sobre la arista del volcán más alto de México. Ahí estábamos todos, deslizándonos sobre el borde del volcán practicando técnicas de detención con piolet… Raúl y David se deslizaron casi toda la altura que faltaba por descender, prácticamente en caída libre… Aarón, Pepe y yo los seguimos pero más lento… de repente un grito de ¡ROCA! ¡ROCA!, volteamos hacia arriba y un par de piedras rodando erráticamente desde las alturas del volcán venían directo hacia nosotros, Pepe se preparó para saltar y esquivarlas, mientras que Aarón y yo corrimos hacia un lado del volcán para saltar, ganar distancia y poder caer boca abajo y detener la caída libre con el piolet… simplemente una experiencia increíble, extrema.
Afortunadamente todos bajamos con bien. Llegamos al campamento, cenamos, dormimos y al siguiente día regresamos a Cd. Serdán a turistear y al esperado reencuentro con el “Autobús de Cantinflas”. Nos esperaban otras 18 horas de viaje y tortura al olfato rumbo a Monterrey. No importaba, fue una excelente excursión.
Lo mejor de todo el viaje sin duda alguna, fue que todos regresamos con bien a nuestros hogares.
Redactó: Héctor de la Cruz
Unidos y Adelante
Asistentes:
De la Cruz Arellano, Héctor Javier - Rindió su Protesta
Hernández García, Julio César - Capitán
Hernández Pérez, Aarón Dante
Juarez, Andrés (i)
Obregón Tapia, Raúl
Pérez Luján, José
Velázquez Muñiz, Jesús
Vizcarra, David (i)

